
En la antigüedad el modo de concebir la naturaleza y la existencia revelaba una cosmovisión muy distinta a la que actualmente postula el discurso científico convencional. “Las Magias (Pájaros, Árboles, Venus y La Luna) se abre a modo de diálogo entre esa cosmovisión casi desaparecida de la naturaleza y las agitaciones de lo íntimo. Esta danza, imaginada sobre un entramado que se sostiene por una visión geométrica de gran complejidad, y que abarca desde el gesto figurativo a la abstracción geométrica; tiene un propósito, crear un espacio de contemplación, que silencie, que aligere la dureza de los conceptos y suavice el rigor aparente de este mundo físico. Una danza compleja desde el punto de vista de lo compositivo y la interrelación corporal. Donde coexistan el dinamismo (no exaltado) de las líneas, con su multiplicidad de combinaciones, y el misterio; el de un cuerpo que se reconoce más allá de lo material. Esta unidad danzante revela suavidades y violencias que hablan de un ser humano que no es centro sino reflejo, escucha, paisaje. Este espacio nace de una relación muy profunda con la naturaleza, no está desvinculado de ella, sino que es su propio lenguaje.

